Historias especiales

Zaire jugó el Mundial 1974 amenazada de muerte

Al caer derrotados por Yugoslavia por 9 goles a 0, el dictador zaireño entró en cólera y amenazó seriamente a los jugadores.

Corría el minuto 85 del partido Zaire vs Brasil del mundial de 1974, no hay episodio futbolero de mayor calado – en natación lo supera Moussambani en los JJOO Sidney 2000 – de la historia del futbol.

El árbitro señaló una falta cerca del área africana. Rivelino y compañía ya terminaron de deliberar quién se encargará de pegarle al balón y, de pronto, de la barrera zaireña sale despedido como un poseso hacia el balón Ilunga Mwepu y le pega un patadón ante la extrañeza de todos en el estadio.

La jugada maestra del zaireño es interpretada por algunos comentaristas como una muestra del escaso conocimiento del reglamento por parte de los futbolistas zaireños. “Ha sido un momento de ignorancia africana”, dijo desde el pedestal europeo el narrador británico John Motson.

La historia, sin embargo, no es tan simple.

Zaire era un nombre no solo nuevo para el balompié –fue la primera selección del África negra que clasificaba a un Mundial– sino para el mundo entero.

Con ese nombre había rebautizado Mobutu Sese Seko a fines de 1971 al Congo, el país que apenas una década antes había conseguido su independencia de Bélgica.

Mobutu, que gobernaba el Estado Congolés desde 1965, había decidido que el apelativo de “padre de la nación” que tanto lo excitaba debía ir aparejado con un país nuevo.

Ya como Zaire, la selección nacional consiguió no solo clasificar a la cita germana sino proclamarse campeona de la Copa Africana.

Extasiado por tales logros, el dictador –que también renombró al seleccionado: decretó que los llamaran leopardos en vez de leones– premió a los futbolistas con casas, autos y un viaje para ellos y sus familias a EE.UU.


El cuento de hadas empezó a desmoronarse con el arribo del plantel a Alemania Occidental.

El primer duelo se saldó con una decorosa derrota ante Escocia por 2 a 0. No obstante el esfuerzo realizado en un debut digno, los asesores del gobierno que acompañaban a la selección informó a los jugadores que se iban a recortar las primas a cobrar por la disputa del mundial.

Fue el preludio del descalabro, materializado en el escandaloso 9 a 0 que le endosó Yugoslavia a Zaireen el segundo partido del grupo.

Al finalizar el partido, Mobutu, tras entrar en cólera, envió a sus guardias presidenciales a la concentración con una advertencia inequívoca.

“La consigna era: si perdíamos por más de tres goles el último partido, ninguno iba a regresar a casa”, relató Ilunga Mwepu en un documental grabado años más tarde.

El problema era que el último contrincante era Brasil, campeón del mundo vigente para más señas.

En la primera mitad los brasileños solo anotaron un gol. El oxígeno empezó a agotarse para los africanos a los 80 minutos, cuando Valdomiro marcó el gol límite. Fue entonces que se produjo la insólita jugada protagonizada por Mwepu.

“¿Creen que me habría hecho pasar por un perfecto idiota de forma deliberada? Estábamos jugando por nuestras vidas”, le contó el zaguero a Jon Spurling, autor de “Muerte o gloria: la historia oscura de la Copa del Mundo”.

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